jueves, septiembre 03, 2009

NADA DE BLUEBERRIES.







Al final, regresamos con las manos vacías.

Eso sí, hicimos un descansito en una zona abierta que me dió un respiro, porque se veía a distancia todo bicho viviente que pudiera haber en las cercanías.

El monte por estos territorios está abarrotado de colores. El suelo es blando en algunas zonas debido a la cantidad de humedad que acumula, y eso hace cualquier excursión más divertida si cabe, porque se van dando saltitos, vamos, que cada paso rebota.

Al regresar, Lisa nos señaló la zona donde se encuentran enterrados los antepasados de David P., y también las antiguas casas ya derruidas.

Terminamos la tarde sentados junto al río disfrutando del solecito y de la armonía que proporciona todos los sonidos que regala la madre naturaleza.

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